Velázquez

Rubens y la «dichosa» Torre de la Parada

Durante la segunda mitad de la década de 1630 la relación entre Rubens y su principal cliente, el rey Felipe IV, alcanzó su momento más productivo. En esos años el pintor recibió de Madrid numerosos encargos para decorar las residencias reales de la capital y sus alrededores. El mayor de estos proyectos fue el de decorar la llamada Torre de la Parada, un pabellón de caza situado en las afueras de la ciudad, en el monte de El Pardo, que había construido Felipe II en el siglo XVI y que Felipe IV decidió reformar y ampliar.

¿Cómo llegó Velázquez a la Corte del Rey Felipe IV?

Todo comienza en el año 1622 cuando Velázquez era ya un pintor asentado en Sevilla con cierta reputación, donde incluso tenía alquilados varios locales y un aprendiz, Diego Melgar, que trabajaba a sus órdenes.

La culminación de la obra de Velázquez

La última etapa artística de Velázquez tiene lugar tras su nombramiento en noviembre de 1652 como aposentador mayor de palacio. Las tareas derivadas de su nuevo cargo en la Corte supusieron que el artista necesitara más ayuda que nunca de los miembros de su taller en sus obras.

La rendición de Breda, una batalla muy humana

A diferencia de la mayor parte de los cuadros de batallas de la época, en la obra «Las lanzas, o La rendición de Breda» Velázquez no se recreó en la victoria de las tropas españolas, sino que quiso centrar la atención del espectador en una escena que combinara el final de la guerra y el principio de la paz.

¿Qué vemos realmente en «Las Meninas» de Velázquez?

Muchas veces tenemos la sensación de que cuanto más tiempo pasamos ante la obra maestra de Velázquez «Las Meninas», más preguntas nos asaltan sobre su verdadero significado. Pero tranquilos, esto no sólo nos pasa a nosotros, los expertos en arte llevan más de tres siglos analizando el cuadro y aún no se han puesto de acuerdo sobre su significado.

Rubens y Velázquez, dos grandes genios y… amigos

Además de maestro de la pintura, coleccionista y erudito, Rubens desarrolló una importante carrera diplomática que le permitió recorrer toda Europa y conocer a las personalidades más destacadas de su tiempo.

Religión y familia en «La Adoración de los Magos» de Velázquez

La obra «La Adoración de los Magos» (1619) es una de las pocas obras que se encuentran en el Museo del Prado de la etapa sevillana del artista. De estos años son su interés por el claroscuro y la descripción realista de los objetos y texturas.

Marte, el dios abatido de Velázquez

Marte o el dios Marte (1639) está consideraba una de las obras donde Velázquez expresó mejor la mirada crítica y personal que solía aplicar a los temas mitológicos.

Las Hilanderas, ¿un cuadro de costumbres o una pintura mitológica?

Más que un cuadro de costumbres se ha descubierto que la obra es en sí una pintura mitológica. Pintada para el montero del rey, don Pedro de Arce, en su inventario figuraba como Fábula de Aracne de Velázquez.

Aracne, fue una doncella lidia que tuvo la osadía de considerarse la mejor tejedora de tapices, y por ello fue convertida en araña por la diosa Minerva. Este dramático final no aparece representado, claro, en la obra.

Aracne aparece vestida con una blusa blanca y una faja roja sobre su falda verde oliva en el momento en que recibe a otras mujeres. Minerva se encuentra en el cuadro transfigurada en una anciana.

Ven a conocer Las Hilanderas de Velázquez de la mano de la experta Marta Nuño en el Museo del Prado.

¿Qué relación hay entre Italia y La Fragua de Vulcano?

La relación se encuentra en que el primer viaje de Velázquez a Italia supuso un cambio decisivo en su carrera como artista. En los 18 meses que estuvo en Italia, su pintura experimentó un cambio radical. Y una de las obras en las que mejor se puede apreciar la influencia del paso por Italia en el artista es precisamente la obra La Fragua de Vulcano.

Velázquez pintó el cuadro en 1630 y lo vendió posteriormente a la Corona en 1634. Curiosamente el documento de compra indica que la obra fue pintada sin que hubiera un encargo previo.

La escena refleja un conocido pasaje de la Metamorfosis de Ovidio, en la que Apolo se acerca a la forja para contarle a Vulcano la infidelidad de su esposa Venus, con Marte.

El cuadro es un ejemplo extraordinario de la habilidad de Velázquez para trasladar el mito a un ambiente cotidiano, y muestra con genial maestría las figuras de hombres corrientes y la expresión en las caras de Vulcano y sus ayudantes los cíclopes al recibir la noticia.

Ven a disfrutar de la obra de este genio de la pintura con la experta Marta Nuño, en el mejor lugar del mundo para hacerlo: el Museo del Prado.

¿Cómo empezó Velázquez su carrera como pintor?

Velázquez inició su formación en el taller sevillano de Herrera el Viejo, quien disfrutaba de prestigio y renombre en la ciudad.

Se dice que debido a su mal humor, Velázquez acabó abandonando el taller de Herrera y se marchó de aprendiz con Pacheco, que es más conocido hoy en día por su faceta de maestro de Velázquez (y posteriormente, suegro del artista), que en la de pintor y erudito.

Aunque Pachecho no pudo enseñar mucho a Velázquez en el ámbito pictórico, sí le proporcionó un alto nivel cultural, tanto religioso como literario. Esta cultura le sirvió a Velázquez para formar su propia ideología artística.

Años más tarde Velázquez continuará su formación pictórica en la Corte, y sobre todo en sus viajes por Italia.

Ven a conocer la vida y obra de Velázquez de la mano de la experta Marta Nuño, en el evento «VELÁZQUEZ EN EL MUSEO DEL PRADO».