Rubens

Rubens y la «dichosa» Torre de la Parada

Durante la segunda mitad de la década de 1630 la relación entre Rubens y su principal cliente, el rey Felipe IV, alcanzó su momento más productivo. En esos años el pintor recibió de Madrid numerosos encargos para decorar las residencias reales de la capital y sus alrededores. El mayor de estos proyectos fue el de decorar la llamada Torre de la Parada, un pabellón de caza situado en las afueras de la ciudad, en el monte de El Pardo, que había construido Felipe II en el siglo XVI y que Felipe IV decidió reformar y ampliar.

Rubens y Velázquez, dos grandes genios y… amigos

Además de maestro de la pintura, coleccionista y erudito, Rubens desarrolló una importante carrera diplomática que le permitió recorrer toda Europa y conocer a las personalidades más destacadas de su tiempo.