Rubens y Velázquez, dos grandes genios y… amigos

Además de maestro de la pintura, coleccionista y erudito, Rubens desarrolló una importante carrera diplomática que le permitió recorrer toda Europa y conocer a las personalidades más destacadas de su tiempo.

En 1603 visitó España por primera vez, fue enviado por el duque de Mantua a la corte de Valladolid con el propósito de intercambiar y adquirir obras de arte, algo muy habitual en la época.

Entonces Rubens era un pintor completamente desconocido en España, pero en su segundo viaje, 25 años después, ya era un artista reconocido y admirado en toda Europa.

A la llegada de Rubens a la corte de Felipe IV, se encargó a Velázquez que se pusiera a disposición del artista flamenco para agasajarlo y servirlo en todo cuanto necesitara.

Este le proporcionó un taller para que trabajara y le mostró las colecciones reales tanto de Madrid como de los Sitios Reales, facilitándole el acceso a todas aquellas que quisiera copiar.

Pronto trabaron una mutua y estrecha amistad. Rubens se encontraba en la cumbre de su fama y Velázquez era un joven que aún no había desarrollado la inmensa fuerza de su alma artística. Estaban destinados a entenderse y estimarse.

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