La Puerta de Alcalá y el mensaje del rey Carlos III a los madrileños

La Puerta de Alcalá era una de las cinco entradas que tenía Madrid hasta el año 1869. Hasta entonces esta puerta era el límite de la ciudad por el este, desde la que uno se dirigía hacia Alcalá de Henares.

El rey Carlos III se empeñó en rediseñar el monumento y dotarlo de elementos decorativos, algunos de los cuales tenían significados ocultos.

Para empezar, los adornos de la Puerta de Alcalá son diferentes entre la fachada que da a la plaza de Cibeles y la que da al parque de El Retiro. En la primera, el escultor francés Roberto Michel proyectó unas cabezas de león que remataban los arcos. En la parte superior, unos trofeos militares formados por banderas, armas, corazas y cascos.

En la otra fachada, el escultor abulense Francisco Gutiérrez colocó unos mascarones rematando los arcos, unas guirnaldas sobre las puertas adinteladas y, sobre el arco central, el escudo real sostenido por la figura de la Fama y de un niño.

Pero entre toda esta decoración llama la atención la presencia de cuatro estatuas de niños pequeños sentados sobre el friso de la fachada. Estas figuras reciben el nombre de «putto», que significa «querubín» en italiano.

Los cuatro niños representan las virtudes y están labradas en piedra blanca de Colmenar. El «putto» que se encuentra en la esquina izquierda tiene un casco y una lanza en su mano derecha y representa la Fortaleza. A su lado está la Templanza, un niño que tiene en una mano un freno de caballo.

Al otro lado del friso está representada la Justicia por la figura de un niño con el brazo izquierdo levantado y la mano cerrada sobre lo que sería una espada o una balanza desaparecida, mientras que en la esquina derecha se encuentra la Prudencia: un niño que se mira en un espejo que levanta por encima de su cabeza.

El rey Carlos III ordenó colocar estas cuatro figuras en la Puerta de Alcalá para mandar un mensaje a los madrileños y reclamarles fortaleza, templanza, prudencia y justicia para cuando llegaran los tiempos difíciles. Desde entonces son testigos del día a día de la ciudad… y de los atascos que se forman en torno a ellos en las horas punta.

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