El Alcázar de Madrid: ¿cómo una pequeña fortaleza se convirtió en palacio?

Un buen número de las primeras residencias reales españolas fueron originalmente castillos, que se fueron transformando en palacios, adecuando sus muros a estancias más acordes con lo exigido por la vida de la Corte. Un ejemplo de esto sería el Alcázar de Madrid, cuyo origen fue una pequeña fortaleza árabe, que tras la conquista de Madrid por los reyes Trastámara se convirtió en un castillo cristiano, para posteriormente acabar siendo el gran palacio de los Austrias españoles.

El Alcázar musulmán

El primer asentamiento árabe en Magerit se sitúa entre los años 850 y 886, durante el reinado del emir cordobés Muhammad ben Abd al Raaman. Se trataba de una primera atalaya militar alzada en un conjunto rocoso sobre el río, en una zona próxima a la sierra de Guadarrama y que tenían como misión controlar el paso a las tropas castellanas en su camino hacia Toledo.

El Alcázar sería fruto de la evolución de diferentes construcciones militares. Partiría de una atalaya de observación, para convertirse en un pequeño fortín que estaría rodeado de una ciudadela o almudayna, donde vivían los guerreros que la defendían. En el interior existiría una medina donde se acogería a población civil.

El edificio del Alcázar, junto con la muralla musulmana y cuatro torres de vigilancia constituían las piezas defensivas de la ciudad, formando un conjunto sobre el río Manzanares. La construcción  debía ser homogénea con la muralla, siendo el Alcázar el centro de la urbe, saliendo la muralla desde un extremo, rodeando la almudayna ya la medina para cerrarse contra los muros del Alcázar.

El castillo de los Trastámara

Las primeras transformaciones del castillo tuvieron lugar cuando los reyes castellanos empezaron a vivir en él. Los primeros que lo usaron con regularidad fueron Pedro I y Enrique III en el siglo XIV, quienes realizaron algunas reformas para hacerlo más confortable y adecuado al estilo de vida de la corte castellana. El Alcázar fue perdiendo así su carácter de fortaleza para ir introduciendo poco a poco elementos palaciegos.

Para los reyes castellanos el Alcázar fue cobrando peso como uno de los castillos importante donde pasar largas temporadas, y donde con frecuencia se reunían las Cortes de Castilla, por lo que a partir de entonces incorporó el apelativo Real en el topónimo del castillo.

Durante la guerra de sucesión entre Isabel la Católica y su sobrina Juana la Beltraneja, el Alcázar tuvo un papel predominante, ya que fue tomado por el Marqués de Villena, aliado de doña Juana. Hasta 1477 los Reyes Católicos no recuperaron el Alcázar, estableciéndose largas temporadas en el mismo.

Carlos V y la primera ampliación

En 1536, Carlos V después de pasar largas temporadas en el Alcázar y de haber tenido preso en él al rey Francisco I de Francia, dedice ordenar importantes obras de transformación del edificio, para las que nombra a Luis de Vega y Alonso de Covarrubias maestros mayores.

Los trabajos hicieron que el patio situado al este se convirtiera en en el nuevo eje del palacio, ampliándose toda la edificación hacia el levante con la construcción de un nuevo patio, que se denominaría de la Reina, de proporciones similares al anterior. El volumen constructivo del Alcázar quedó así prácticamente duplicado respecto al existente.

El Alcázar de Felipe II

La aportación de Felipe II al Alcázar fue la construcción de un nuevo aposento real sobre el río y la construcción de la Torre Dorada situada al sudoeste, realizada al estilo de Flandes.

A partir de la capitalidad de Madrid en 1561, el Alcázar adopta una nueva dimensión como sede de la Corte y del aparato burocrático. En sus dependencias se empezarán a albergar numerosos servicios del gobierno de la Villa y la Corte, por lo que la planta baja del patio del rey era un constante bullir de cortesanos y comerciantes.

El Alcázar en el siglo XVII

Tras un largo abandono de la actividad constructiva en el Alcázar debido a la construcción del Palacio del Buen Retiro, a partir de 1639 el rey Felipe IV volvió a fijarse en el Alcázar. Ordenó una operación general de remozamiento de sus interiores que afectaron a casi la totalidad de los aposentos.

Se puede considerar que el palacio a pesar de las modificaciones exteriores seguía conservando su estructura de patios interiores, herencia de su origen medieval, donde se realizada la vida de la Corte. En esta época el Alcázar ya había perdido toda su identidad como fortaleza aunque se conservaban algunos elementos característicos, como los numerosos pasillos y corredores que recorrían el Alcázar por los subterráneos y que conectaban el Palacio con dependencias en el exterior, como el Monasterio de la Encarnación.

El final del Alcázar

Con Felipe V se completó la transformación de la antigua fortaleza árabe, bastión defensivo en el camino hacia Toledo, a un castillo Trastámara y, progresivamente, un palacio.

No obstante, siguió manteniendo algunas trazas que recordaban sus orígenes castrenses, como la fachada hacia el río con sus torres defensivas, y sobre todo sus patios.

De todas formas, la vieja fortaleza nunca llegó a convertirse del todo en un palacio afrancesado de estilo borbonico, y nunca fue del gusto de Felipe V, probablemente porque no consiguió desprenderse de su origen como castillo.

En la Nochebuena de 1734, un fuego brotó del corazón del Alcázar. A lo largo de cuatro días, el incendio fue consumiendo el palacio hasta solo dejar un par de fachadas y la torre del Príncipe Carlos I en pie.

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Fuente: Castaño Perea, E. “Pervivencia de los elementos defensivos medievales en el Real Alcázar de Madrid del siglo IX a 1734”, IV Congreso de Castellología, Madrid 2012.

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