Arte

La culminación de la obra de Velázquez

La última etapa artística de Velázquez tiene lugar tras su nombramiento en noviembre de 1652 como aposentador mayor de palacio. Las tareas derivadas de su nuevo cargo en la Corte supusieron que el artista necesitara más ayuda que nunca de los miembros de su taller en sus obras.

La Puerta de Alcalá y el mensaje del rey Carlos III a los madrileños

La Puerta de Alcalá era una de las cinco entradas que tenía Madrid hasta el año 1869. Hasta entonces esta puerta era el límite de la ciudad por el este, desde la que uno se dirigía hacia Alcalá de Henares. El rey Carlos III se empeñó en rediseñar el monumento y dotarlo de elementos decorativos, algunos de los cuales tenían significados ocultos.

La rendición de Breda, una batalla muy humana

A diferencia de la mayor parte de los cuadros de batallas de la época, en la obra “Las lanzas, o La rendición de Breda” Velázquez no se recreó en la victoria de las tropas españolas, sino que quiso centrar la atención del espectador en una escena que combinara el final de la guerra y el principio de la paz.

Las pinturas negras de Goya, ¿esquizofrenia artística?

Las pinturas negras son un conjunto de catorce pinturas que Goya realizó al óleo directamente sobre las paredes los pisos (bajo y alto), de la llamada Quinta del Sordo, propiedad del pintor próxima al río Manzanares.

La disposición original de las pinturas se ha reconstruido gracias a la información suministrada por diferentes documentos y fotografías tras la muerte de Goya. Sin embargo, no existe consenso pleno sobre la disposición original en ambas salas.

Sala de la planta baja: Saturno devorando a un ­hijo, Judith y Holofernes, Una manola: doña Leocadia Zorrilla, Dos frailes, Dos viejos comiendo, Aquelarre (el gran ­cabrón) y La romería de San Isidro.

Sala de la planta alta: Dos mujeres y un hombre, La lectura (los políticos), Duelo a garrotazos, Peregrinación a la fuente de San Isidro (el santo oficio), Las Parcas (Átropos), Al aquelarre (Asmodea) y ­Perro semihundido, propiedad que adquirió en 1819 y que legó a su nieto Mariano en 1823, antes de marchar a Francia.

Goya realiza estas obras en la pared al óleo, y más tarde son salvadas de la destrucción gracias al barón Frédéric Émile d’Erlanger, que adquiere la casa y encarga en 1874 a Salvador Martínez-­Cubells, a la sazón restaurador del Museo del Prado, su traslado a lienzo mediante la técnica de la cera perdida.

Goya es decidido partidario de realizar profundos cambios en el país, lo que le lleva a alinearse con los ilustrados, con los afrancesados y, finalmente con los liberales, terminando en el exilio. Tiene un amor por su pueblo que no le impide mostrar su horror por las costumbres irracionales y violentas de los españoles de aquellos tiempos.

De esta manera, en Goya se produce una especie de “esquizofrenia artística”, especialmente notable en las contradicciones entre sus obras privadas, donde se manifiesta su espíritu crítico en los temas a la vez que es su campo de experimentación técnica, y su obra pública, donde se ve más coaccionado por las exigencias de su clientela (Jonathan Ferreiro, 2015).

En lo personal hay que tener en cuenta que las pinturas negras las realiza Goya en la última etapa de su vida, cuando era bastante mayor, se había quedado sin amigos, su sordera iba en aumento, y tenía problemas con la inquisición. Goya se había vuelto entonces una persona solitaria y huraña.

Podemos decir que las pinturas negras son un reflejo del estado de Goya, que vive las tensiones de la época rodeado por la constante preocupación económica y las “crisis” que atraviesa tanto desde el punto de vista físico, como desde el sentimental. Pero también son pinturas muy españolas que participan de la corriente expresionista que se conocerá como el “tremendismo”.

Ven a conocer las pinturas negras de Goya en el evento “GOYA EN EL MUSEO DEL PRADO” con la experta Marta Nuño.

¿Qué vemos realmente en “Las Meninas” de Velázquez?

Muchas veces tenemos la sensación de que cuanto más tiempo pasamos ante la obra maestra de Velázquez “Las Meninas”, más preguntas nos asaltan sobre su verdadero significado. Pero tranquilos, esto no sólo nos pasa a nosotros. Los expertos en arte llevan más de tres siglos analizando el cuadro y aún no se han puesto de acuerdo sobre su significado.

El historiador del arte Jonathan Brown, autor del libro “Velázquez: Painter and Courtier” (1986), habla de que “pocas pinturas en la historia del arte han generado tantas y tan variadas interpretaciones como esta”. Incluso llega a describir el LMFS, siglas en inglés del Síndrome de la Fatiga de Las Meninas, que se produce cuando se trata de interpretar la obra.

Pero, ¿qué vemos realmente en Las Meninas?

Gracias en parte al historiador Antonio Palomino y su libro sobre los pintores españoles (1724), conocemos bastante de los personajes y el espacio físico representado en Las Meninas. Palomino en su investigación tuvo la oportunidad de hablar con amigos de Velázquez y 4 de los 9 personajes del cuadro.

El escenario de Las Meninas es el propio estudio que Velázquez tenía en el Alcázar Real de Madrid, donde el rey y su familia vivían entonces. Colgados en la pared más alejada se encuentran copias de las obras de Rubens (otro de los pintores favoritos de Felipe IV), que fueron realizadas por el artista Juan Bautista Martínez del Mazo. Estas obras muestran escenas de la Metamorfosis de Ovidio, incluyendo uno de Minerva y Aracne, y otra de Pan y Apolo.

En el centro de la cámara aparece de pie la princesa (conocida también como la emperatriz) Infanta Doña Margarita María de Austria, la primera hija que Felipe IV tuvo con su segunda mujer Mariana, representada a la edad de cinco o seis años.

A su izquierda y derecha se encuentran las meninas titulares, que acompañaban y atendían a la joven en sus rutinas diarias. A la izquierda de la princesa se encuentra Doña María Agustina Sarmiento de Sotomayor, que se agacha para ofrecer a la Infanta una pequeña jarra sobre un plato de plata. A la derecha, vemos a Doña Isabel de Velasco, con sus manos extendidas sobre su voluminoso vestido.

Más a la derecha se encuentra los enanos Maribárbola y el bufón Nicolás Pertusato (Nicolasito), quienes formaban parte del servicio de la casa real. Nicolasito descansa su pie sobre un apacible perro, que algunos han identificado como un gran mastín.

Justo detrás de las meninas se encuentra una monja, Doña Marcela de Ulloa, que aparece como en mitad de una conversación con el mentor Diego Ruiz Azcona.

A la izquierda vemos al propio Velázquez, asomándose por detrás del gran lienzo. Lleva un fino traje cortesano de color negro, con capa y la cruz roja de la orden de los caballeros de Santiago pintada sobre su pecho.

Ven al Museo del Prado a conocer al resto de personajes que guarda Las Meninas, de la mano de la experta Marta Nuño en el evento “Velázquez en el Museo del Prado”.

Rubens y Velázquez, dos grandes genios y… amigos

Además de maestro de la pintura, coleccionista y erudito, Rubens desarrolló una importante carrera diplomática que le permitió recorrer toda Europa y conocer a las personalidades más destacadas de su tiempo.

En 1603 visitó España por primera vez, fue enviado por el duque de Mantua a la corte de Valladolid con el propósito de intercambiar y adquirir obras de arte, algo muy habitual en la época.

Entonces Rubens era un pintor completamente desconocido en España, pero en su segundo viaje, 25 años después, ya era un artista reconocido y admirado en toda Europa.

A la llegada de Rubens a la corte de Felipe IV, se encargó a Velázquez que se pusiera a disposición del artista flamenco para agasajarlo y servirlo en todo cuanto necesitara.

Este le proporcionó un taller para que trabajara y le mostró las colecciones reales tanto de Madrid como de los Sitios Reales, facilitándole el acceso a todas aquellas que quisiera copiar.

Pronto trabaron una mutua y estrecha amistad. Rubens se encontraba en la cumbre de su fama y Velázquez era un joven que aún no había desarrollado la inmensa fuerza de su alma artística. Estaban destinados a entenderse y estimarse.

Ven a conocer de la mano de Mar Cristóbal la particular relación que mantuvieron estos dos grandes maestros de la pintura en la corte del rey Felipe IV, y las coincidencias y diferencias de su trabajo a través de una cuidada selección de sus obras en el Museo del Prado en la visita “Velázquez y Rubens, Mano a Mano”.

Religión y familia en “La Adoración de los Magos” de Velázquez

La obra “La Adoración de los Magos” (1619) es una de las pocas obras que se encuentran en el Museo del Prado de la etapa sevillana del artista. De estos años son su interés por el claroscuro y la descripción realista de los objetos y texturas.

Además de ser una imagen religiosa, se cree que este cuadro fue una celebración de la propia familia del pintor, lo que entra dentro de los parámetros admisibles en la cultura religiosa del Siglo de Oro.

El realismo de las figuras hace pensar en que Velázquez pudo utilizar modelos vivos. El rey mago de mayor edad sería un autorretrato de Pacheco y los tres personajes que aparecen en primer término serían el pintor, su esposa Juana Pacheco, con la que se casó en abril de 1618, y su hija Francisca, que había nacido hacía poco.

Ven a conocer las obras de Velázquez en el mejor lugar del mundo para hacerlo: el Museo del Prado, de la mano de la experta Marta Nuño.

Las sopas enlatadas de Warhol

En la década de 1960, el mundo del arte de Nueva York estaba atrapado en la rutina. Hasta las obras del expresionismo abstracto de los años 40 y 50 se habían convertido en un cliché.

Warhol fue uno de los primeros artistas que sintió la necesidad de incorporar imágenes a su trabajo. La galerista y diseñadora de interiores Muriel Latow le dio a Warhol la idea de que pintara objetos que la gente usaba todos los días (y se rumorea que Warhol comía latas de sopa a diario).

Para ello creó una imagen que es fácilmente reconocible, pero también visualmente estimulante con 32 latas de sopa de Campbell. De este modo Warhol se propuso recrear sutilmente la abundancia de la sociedad americana de los años 60, recreando la experiencia de estar en un supermercado bien abastecido.

Ven a conocer la obra del controvertido artista Andy Warhol en la exposición de CaixaForum Madrid “Warhol, El Arte Mecánico” de la mano de Isabel Ramos.

La Condesa de Goya, una gran mujer de la Ilustración

En la España ilustrada de finales del XVIII y principios del XIX vivió una mujer que no sólo acumuló una larga lista de títulos nobiliarios sino que fue también una importante mecenas de las artes.

Su relación con Francisco de Goya fue muy importante para el desarrollo artístico y profesional del pintor. Fue ella quien encargó obras tan famosas como El Aquelarre.

María Josefa de la Soledad Alfonso-Pimentel y Téllez-Girón, fue la única hija de Francisco de Borja Alfonso-Pimentel Vigil de Quiñones y de María Faustina Téllez-Girón. Su padre era conde-duque de Benavente, título que heredaría María Josefa, y su madre era hija del duque de Osuna.

Su palacio de El Capricho fue uno de los legados artísticos más importantes de la España del XIX. No sólo destaca por su belleza sino también por haber sido la cuna del mecenazgo artístico de la condesa – duquesa de Benavente. texto de Sandra Ferrer Valero .

Ven a descubrir el importante legado de las mujeres de la Ilustración a través de las grandes obras del Museo del Prado.

María Isabel de Braganza, fundadora del Museo del Prado

María Isabel de Braganza nació en Lisboa el 19 de mayo de 1797, hija de Juan VI de Portugal y de Carlota Joaquina de Borbón. Fue reina de España al casarse en 1816 con su tío, Fernando VII, siendo su segunda esposa.
 
María Isabel tuvo una vida muy corta, pues falleció en 1818 por las complicaciones de su segundo parto que había venido precedido de un embarazo difícil.
 
Sin embargo, su papel en el mundo del arte y la cultura fue determinante en la historia de nuestro país. No en vano, fue ella quien motivó la creación del Museo Nacional del Prado, una de las pinacotecas más importantes del mundo.
 
La obra “María Isabel de Braganza como fundadora del Museo del Prado” es un retrato póstumo realizado por Bernardo López Piquer en 1829, en el que el pintor se sirvió como modelo del retrato de busto en formato ovalado que de ella había realizado su padre Vicente hacia 1816.
 
En la obra, la reina es representada como fundadora del Real Museo de Pintura y Escultura conocido como Museo del Prado. El edificio se ve por la ventana en una perspectiva desde el noroeste, con el aspecto que tuvo cuando se inauguró en 1819.
 
Ven a conocer esta obra y otras más de las mujeres de la Ilustración en “MUJERES DE LA ILUSTRACIÓN EN EL MUSEO DEL PRADO” con la experta Mar Cristóbal. Un recorrido único de arte e historia.

El Pelele, ¿alegoría del poder de la mujer?

Goya pintó este cartón para tapiz entre 1791 y 1792, como parte de una serie de tapices que iban a decorar las estancias reales de Carlos IV en El Escorial.

En la obra, el artista presenta cuatro jóvenes vestidas de majas, que mantean un pelele en un entorno de paisaje frondoso, atravesado por un río, con la presencia de un edificio de piedra al fondo.

El juego de mantear el pelele solía practicarse en los carnavales, en fiestas populares y en el rito de despedida de la soltería, y es un tema que solía representarse en el arte español de la época.

Sin embargo, al margen del carácter costumbrista de la obra, algunos expertos creen ver una manera de simbolizar el poder de la mujer sobre el hombre. Asunto que es repetido en la obra de Goya, con ejemplos como las series de grabados de los Caprichos y de los Disparates, así como en sus álbumes de dibujos.

Ven a conocer más sobre la vida y obra de Goya en “GOYA EN EL MUSEO DEL PRADO” con la experta Marta Nuño.

Marte, el dios abatido de Velázquez

Marte o el dios Marte (1639) está consideraba una de las obras donde Velázquez expresó mejor la mirada crítica y personal que solía aplicar a los temas mitológicos.

El cuadro representa a un hombre desnudo, salvo por un paño azul que rodea sus caderas, un manto rojo sobre el que está sentado y el casco o yelmo. La cabeza, ornada con el mostacho carecterístico de los soldados de los Tercios, acentúa grotescamente su melancolía, mientras se apoya en la mano izquierda.

En esta obra el artista no sólo demostró su capacidad para construir imágenes llenas de connotaciones, sino también su maestría técnica.

La expresión perpleja y la pose indolente del antiguo dios de la guerra han dado pie a múltiples interpretaciones sobre su aspecto abatido, aunque una vez ante el cuadro la idea que impera es la de estar ante una magistral reducción del dio a la forma humana.

Ven a conocer más sobre la obra del maestro en “VELÁZQUEZ EN EL MUSEO DEL PRADO”, con la experta Marta Nuño.